Red escéptica - webring
8 Agosto 2007
27 Julio 2007
De vez en cuando es bueno hacer el ejercicio de intentar ver el mundo a través de los ojos de otras personas, especialmente de aquellas que tienen visiones radicalmente diferentes a las nuestras, seguramente eso no nos llevara a aceptar sus puntos de vista pero por lo menos nos da una idea de porque piensan lo que piensan y creen en lo que creen. Los que han leído mis anteriores entradas en este blog saben de mi preocupación por el ambiente de miedo y desconfianza que se ha creado y ha sido mantenido a través de los medios de comunicación formales y no formales, donde el sensacionalismo, la desinformación y lo banal son pan de cada día. Por eso me puse en el ejercicio de imaginar como ve el mundo una persona paranoica que día tras día recibe toda esa carga de desinformación a través de la televisión, los diarios sensacionalistas
y la Internet y he llegado a la conclusión de que no es una forma de vida nada deseable.
Imaginen vivir en un mundo donde los gobiernos conspiran para realizar ataques terroristas sobre sus propios ciudadanos, en el que usted no puede enviar a sus hijos a un jardín infantil por miedo a que sean usados para hacer pornografía y rituales satánicos, en el que no es seguro ir a cine o tomar un bus por que algún loco pudo haber dejado una aguja infectada con SIDA, donde es mejor no ayudar a otra persona en problemas por que puede ser un ladrón
o peor aun parte de una pandilla que desea asesinarlo como parte de un ritual de iniciación. No poder tomar agua de la llave por temor a que este contaminada con ántrax, ni comer cosas que puedan contener substancias que puedan producir cáncer, estar contaminadas con desechos de rata o peor aun contener alguna droga secreta creada por el gobierno para controlar su mente. En este mundo la tecnología no genera comodidad soluciones y bienestar sino que es una fuente de peligros: los celulares explotan, los ascensores son trampas mortales, navegar
por la Internet es exponerse a que hackers perversos le roben la identidad y vacíen sus cuentas bancarias, cámaras, satélites y lineas telefónicas son usados por oscuros organismos para vigilar y controlar nuestras vidas. Para alguien que se tome en serio todo lo anterior la única opción de vida es retirarse a vivir en algún rincón olvidado de dios donde no haya electricidad ni teléfono y dedicarse a cultivar sus alimentos y beber agua de lluvia.
Es grave que todo esto constituya la realidad como la ven millones de personas alrededor del mundo pero mucho mas grave es que la preocupación que estos falsos miedos genera hace que la gente
desvíe su atención de problemas reales y por lo tanto mucho más
peligrosos: El calentamiento global, la amenaza de escases de recursos naturales producto del crecimiento demográfico y el mal manejo que se hace de estos recursos, el problema de las poblaciones desplazadas por la guerra y el resurgimiento de la xenofobia y el racismo son todos problemas reales que ponen en peligro el futuro de la especie humana; problemas que pueden ser solucionados si logramos entenderlos y somos capaces de tomar como especie pensante las decisiones que nos permitirán solucionarlos. Lastimosamente es mucho más fácil atribuir
nuestros problemas a conspiraciones secretas y motivos sobrenaturales que asumir la responsabilidad de nuestro futuro.
Me pregunto cuando los crédulos y paranoicos se atreverán a ver el mundo con los ojos de la razón.
20 Abril 2007
La validación social de un mito se da de acuerdo a la capacidad que tiene éste de hacer mella en el inconsciente colectivo y de inducir determinados comportamientos en quienes están expuestos a él. Dentro de este modo de operar, la credibilidad, la capacidad de hacer que el espectador, el oyente del relato crea que se le está hablando con la verdad, es una pieza fundamental. La credibilidad se construye de parte y parte pues es lógico que las creencias necesitan receptores ansiosos y es de esta manera en la que se logra construir universos simbólicos dentro de las comunidades.
En la actualidad, son muchos los mitos que intentan establecerse y proponer visiones del mundo que en muchos casos no se basan en hechos reales, comprobables y verificables de acuerdo a la experiencia. Se escudan detrás de falacias de autoridad de supuestos expertos de materias en ausencia. Es este el caso de los expertos en ovnis, leyendas urbanas, espiritismo, fantasmas.
Se intenta disfrazar de conocimiento científico lo que en el fondo no es más que mera superstición.
Una de las estrategias principales es la construcción de miedos, de temores.
Fisiológicamente, el miedo está relacionado con la capacidad
de adaptación puesto que permite poner alerta al cuerpo y le permite reaccionar de manera efectiva y ágil frente al peligro. En casos extremos, como en el caso de las fobias y los ataques de pánico, el miedo se magnifica y no permite fijar la atención en algo diferente al objeto amenazante.
Sin embargo, lo que nos compete en este momento, es el miedo
como una construcción cultural. En nuestros días, el miedo es una forma de manipulación política y mediática de alcances hasta ahora impensados. Y precisamente, gracias al auge de las nuevas tecnologías de la información (TICs) permite que estos temores modernos se propaguen como el fuego que sigue una línea de pólvora para hacer detonar la vulnerabilidad de las masas. Así
pues, cuestiones como los atentados terroristas pueden ser manipuladas de manera que afecten el campo sicológico de los espectadores y los hagan temer por sus vidas de manera tal que se genere una atmósfera general de angustia e inseguridad.
En Wikipedia encontramos:
Catherine Lutz ha estudiado la variabilidad cultural del miedo. Según sus averiguaciones, la comunidad ifaluk considera positiva la cobardía, y por tanto para ellos es bueno confesar el miedo pues es prueba de ser persona inofensiva y temerosa de las leyes del grupo.
La sociedad colabora con el miedo, al magnificar la información alarmista de los medios de comunicación. En la foto, Orson Welles, quien desató un ataque de pánico colectivo en 1938 con su programa de radio La guerra de los mundos.
Joanna Bourke, autora de Fear: a Cultural History (El miedo: una historia cultural) revela que el miedo, como un sentimiento colectivo e individual, varía con las épocas y los contextos históricos.
durante el siglo XIX, los temores relacionados con la muerte inminente estaban estrechamente vinculados a los miedos acerca de cualquier tipo de vida después de la muerte eventual así como relacionados con la inquietud sobre el diagnóstico correcto del deceso (o dicho de otra manera: que condujera a un entierro prematuro). En nuestro tiempo, por el contrario, tendemos a preocuparnos mucho más sobre el hecho que nos obliguen a permanecer vivos más de lo debido (denegándonos la oportunidad de ´morir con dignidad´). Es el personal médico, en vez de los clérigos, el que preside cada vez más sobre el terror a la muerte. Los debates actuales sobre la eutanasia y la muerte asistida están relacionados con estos cambios
Esta investigadora sostiene que el principal transmisor actual del miedo son los medios de comunicación de masas, pero en todo caso se precisa de la credulidad de la sociedad para que el pánico estalle. Tras estudiar los archivos históricos, la autora muestra cómo entre 1947 y 1954 estalló un pánico colectivo ante el abuso sexual de niños, pese a que los periódicos llevaban años publicando ese tipo de noticias. Otro caso estudiado por la autora es el pánico colectivo desatado por la retransmisión de La guerra de los mundos por Orson Welles en 1938, cuando una ficción radiada sobre un ataque alienígena a la tierra desató la alarma entre los estadounidenses. La autora recuerda que el precedente de ese exprimento (una emisión equivalente de la BBC realizada por K. Fox en 1926, con idénticos resultados de miedo colectivo en el Reino Unido) fue olvidado, tal vez por un posterior sentimiento de vergüenza colectiva:
…la ola de pánico que Welles causó a través de la radio ha eclipsado la que ocasionó Knox. Después de todo, más de un millón de estadounidenses se vieron afectados durante la última ola de pánico (muchos más que en 1926). De todas formas, existía además otra razón: en 1926, había un palpable sentimiento de vergüenza: todos querían olvidarse del hecho tan pronto como fuera posible. En Estados Unidos, por lo contrario, aunque se pudiera hablar sobre la vergüenza, otros grupos dentro de la sociedad se sirvieron en muchos sentidos del pánico para reafirmar su propio estatus (superior). Los sociólogos se vieron involucrados, preparando elaboradas teorías sobre la psicología de multitudes. Se dio una profesionalización del pánico en 1938 que no existía en 1926.
La profesionalización de los provocadores del miedo es así una caracteríatica de nuestra época, según Joanna Bourke:
a pesar de que sólo diecisiete personas perdieran la vida a causa de actos terroristas en Estados Unidos entre 1980 y 1985, el periódico New York Times publicó un promedio de cuatro artículos sobre el terrorismo en cada edición. Entre 1989 y 1992, sólo treinta y cuatro estadounidenses murieron como consecuencia de actos terroristas en el mundo, pero más de 1300 libros fueron catalogados bajo el rubro de “Terroristas” o “Terrorismo” en las bibliotecas estadounidenses.
La autora concluye que el miedo es también un arma de dominación política y de control social. Son diversos los autores que denuncian el uso político del miedo como forma de control de la población, haciéndose hincapié en la creación de falsos escenarios de inseguridad ciudadana.
A lo largo de la historia ha habido todo tipo de movimientos sociales y culturales fundamentados en el miedo a algo: el milenarismo, en miedo al efecto 2000 o los movimientos apocalípticos. El miedo es también un arma de guerra, empleada con asiduidad en la guerra moderna gracias al desarrollo de la aviación.
18 Abril 2007


Abro este, mi espacio, como apoyo mediático a las reflexiones que he realizado a través de mis años de docencia, sobre algunos “mitos” o “creencias populares” que invaden la mentes de los creyentes eingenuos.
Esto incluye, por supuesto, las llamadas conspiraciones y los malintencionados hoax, que sólo logran afectar a aquellos que desconocen los bajos objetivos de distracción que implican dichas manifestaciones colectivas. El engaño está en la desinformación.
Es importante reconocer entre el marasmo de información al que los nuevos medios nos someten, cuales de las informaciones a las que nos enfrentamos tienen asidero en hechos comprobables y cuales parten solamente de supuestos, prejuicios o estrategias comerciales.
También es importante dejar atrás la satanización del otro en virtud de las fantasías que la red le permite poner en escena.
Muchas de las cosas que se publican dentro de la internet hacen parte de roles, de actos en los que la gente se desdobla e interpreta un papel, simplemente.
Sea este primer comentario una bienvenida pero también un llamado a la cordura y a la lucidez; una exhortación a todos los que están en contacto con los nuevos medios para que de hoy en más examinen de manera crítica la superchería del mundo contemporáneo.
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